
SENTIDO DE
-móviles, complejas, contradictorias a veces -que nos constituyen. Fuerzas que están ligadas a la intensidad con la que somos afectados y afectamos a lo que nos rodea, con lo cual en última instancia formamos una misma y única materia sensible a la cual la palabra poética ronda -con infinita delicadeza y paciencia- para lograr lo imposible: acercarse al halo que queda cuando lo que parecía permanente se mueve, antes, un instante antes, de que desaparezca.
Escribir poesía, en medio del complejo espíritu de una época en la que el desapego, el distanciamiento emocional, el vacío, la ironía, la pobreza del lenguaje reinan, es un acto político. Y por político entiendo: un acto de toma de posición. Durante años, un discurso hegemónico que tuvo su apogeo en los 90 -y cuya influencia aún es palpable- nos dictó un mundo, una subjetividad, una postura ante las cosas. Pero la poesía, que no resiste discurso único alguno, que siempre se las arregla para escapar a las convenciones, fue encontrando en ciertas voces aisladas, la rareza que la hace sobrevivir como tal.
Sentido de la oración
a Señora
PRÓLOGO
Dejarse leer por este libro es como escuchar el sonido de una gotera: algo así de blando insistiendo contra el cuerpo. Afuera llueve y a través / tiembla la realidad. Cuando algo insiste, termina entrando en nosotros como las gotas que calan pequeños túneles en las piedras, y ahora sí, nunca podremos deshacernos del agua.Esto sucede en Sentido de la oración de Marcelo Carnero. La fragilidad ocurre en la abundancia del agua.
Como decía José Watanabe: la poesía, mientras más frágil, más poderosa.Este libro tiene ese poder, parece que todo estuviera a punto de despedazarse, y justo entonces se sostiene. El equilibrista, quien acepta el surco de la grafía, y aun así puede decir. Digo la llovizna / y en un trazo de agua / el mar / se desvanece. De nuevo, la fuerza de lo pequeño: la pequeña materia, la voz pequeña. Porque ya sólo el susurro es audible: en eso radica la inteligencia de escribir.
El problema de la fragilidad no es sólo estético, señala la escritura posible en una época determinada. Habla de las formas de existencia. La belleza de una hoja radica en su vulnerabilidad de caer, dice un proverbio. Belleza y existencia en este libro se vuelven dos lados de un mismo sentido. La existencia es frágil, y es ahí donde se revelauna belleza: el poeta es quien la ve. Y quien la escribe, y por lo tanto, la habita.
Pero la fragilidad no es algo estanco, se expande como las manchas.También está la fragilidad de la memoria. ¿Acaso nuestra vida depende del recuerdo de nuestros nombres, estamos, en verdad, sujetos a ellos? Mañana no estaré ni en la voz de las viejas /ni siquiera en palabras mordidas por el hierro / Óvalos de luz / para los que meencuentren. La historia de la filosofía occidental nos ha puesto demasiado del lado de los nombres, de las identidades; y opuso el silencio como un peligro, la tierra de lo “indiferenciado”, donde no hay huellas ni divisiones: mi nombre tiene miedo del silencio, nos dice el poeta.parece que hay una realidad indiscernible e inalcanzable, afuera del lenguaje o la razón, que al mismo tiempo que deseamos conocer, nos amenaza. Pero como se pregunta GillesDeleuze: ¿qué ocurriría si la diferencia no estuviera localizada en lo humano, si además de diferencias lingüísticas hubiera múltiples series de diferencias imperceptibles trabajando en lo real, más pequeñas que las diferencias queponen los sentidos, la conciencia o el lenguaje? ¿Y si no hubiera ninguna instancia -sujeto hablante, cultura en general- diferenciando la vida desde afuera, porque la vida ya es diferencia, movimiento, devenir? No sólo el nombrediferencia y por ende nos da vida; el silencio no es amenaza, sino posibilidad de nombrar. Lo curioso es que Sentido de la oración permanece en la confluencia de estas dos formas de comprender la relación entre el lenguaje y el silencio. Aparece el miedo a esta tierra de lo indiferenciado y la necesidad de ser llamado para existir, ytambién esa imprecisión entre el nombre y el silencio, como se da en poemas donde la voz no es sólo propiedad humana, y el decir es complejo, superpuesto, plegado, sobre todo por la fuerza del agua: Atrás quedan las palabras que perdimos / en la certeza del agua.
Pienso que en realidad, en el artista se mezcla la voz de lo establecido y su fisura: es quien lo padece y, porque no puede sobrevivir a ello, lo transforma. Los poemas de Marcelo Carnero viven en esta dualidad y a la vez la desarman.
La escritura, en el libro, va cambiando; y el decir empieza a ceder: ya no identifica, está siendo arrasada por este elemento, tan dócil, tan obstinado, que es el agua. Gota tras gota, las oraciones se unen en un gran rezo que seduce aquello que toca, y el sentido se vuelve un cúmulo de voz: el poder de la abundancia.
Victoria Schcolnik
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"Sólo quien reconoce su otro animal
resiste lo sagrado"
Leopoldo Castilla
Entré al lenguaje y dije
la muerte no es estable mientras reza
Llevada hasta el zumbido del mundo
o ardida en un incendio
música, música
nada ya tan posible.
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Y quise decir
como quien se desgaja las sienes con un gancho
que hace tanto duerme en su ternura.
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Hablar
sobre todo con los muertos
ya que somos criaturas diminutas
y el silencio una casa
demasiado grande.
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Entonces la sutura
verbo sobre verbo misal de cuerpo roto:
lenguaje es esta vieja derrota en la garganta.
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No hay retorno del alma
tras la reja la luz pica
su látigo de cebra
las vedas son en mí
como diamantes
Entre oración y ruido mi boca
es una franja de cenizas.
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No recuerdes
el nombre es un exilio
y ante la cal y el sueño nos dispara su cifra:
huérfano suspendido en ovarios de arena.
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Hurgar con boca abierta la usura
y no saber qué hacer con el amor
¿De la piedra
en la piedra
siempre hay una palabra?
No sólo la memoria se aprende.
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Llueven flores en las islas del patio
vendrás
he dado tregua esperando en las cosas
como quien vela el cuerpo sobre una sola tierra
Amor
ruego a los caminantes pero nunca regresan
mi nombre tiene miedo del silencio.
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El gas dulce
que derraman las lámparas
nos envuelve la siesta de paredes
los tomates de sangre
crepitan en los cántaros
la máscara de enero
en las mejillas.
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No volveremos a estar
entrados en la tarde
frente al sol de los viejos
de piedra
No volveremos a contar
las cosas de la siesta
bajo el laurel azul que florecía
Ahora
esa luz que es un hielo
deja una marca blanca en nuestras voces
hace este frío
no es la edad
y estamos solos.
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Mañana no estaré ni en la voz de las viejas
ni siquiera en palabras mordidas por el hierro
Óvalos de luz
para los que me encuentren.
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Se trepa a mí la sed
a través del insomnio
viuda
flamea en mi cogote de siervo atormentado
la sed
es tan entera
aquí no hay otra cosa que dios.
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La fiebre ha devorado mis riñones
vicioso y venéreo
semejante a un hombre
dios podría estar aquí
o en cualquier parte
la realidad es
poco espacio.
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Culebrea la lengua la morfina para decir
la soledad del cuerpo en las camillas
Crece un pulmón de moho en las paredes
el único silencio es en la carne.
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Padre
perdóname las ganas de besarte
pero tu amor
sangre que se repite en los peces
despierta en mi oración tanta alegría
como un imán tengo la lengua
y una confirmación:
mi boca esta curada en tu silencio.
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Viene el silencio
y yo
un esposo lúgubre
viento decapitado de su chispa
llamo a clavar mi lengua
gruesa como una esponja bajo la lluvia
Mi santidad
es una ojiva entre las manos.
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Y de nuestros días recuerdo
el olor de las naranjas incendiando las tardes
ahora que nos cerca la sed
su trufa de vinagre
Hemos estado por siglos contra las médulas de agua
resguardándonos del paso de la vida
como ídolos precarios
piel y hueso
Aunque nos hayan desterrado a las palabras
prefiero amanecer
bajo la lluvia.
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Templar el sonido de una casa
donde cada rito
es ajeno al mundo
Este es mi duelo
todo en silencio
y yo con eso.
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Calma
tengo tu nombre
tu piedra nupcial en una mano
tu vestido de pétalos santos
Atrás quedan las palabras que perdimos
en la certeza del agua
el recuerdo de una guerra
que no supimos imaginar
más que en sus muertos.
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Comulga dios conmigo en una hostia
el cuerpo me da arcadas
soy impuro
al borde del olvido
no tengo edad
y he dado todo.
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"La mucha luz alaba su inocencia"
Jacobo Fijman
No es de agua esta noche
la lluvia
es un símbolo quieto que surge
y se deshace
como si la posibilidad de caer
fuera la última
Y es distinta esta hora donde no espera nadie
y la pregunta insiste
disminuye su espejo como una luz vacía
agua que se hace astillas
como si fuera dado
repetir
el silencio.
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No hundo el rostro en la lluvia
y digo
descienda aquí
vivo su rezo en el murmullo de nosotros
tallo de la tormenta
Que no nos deje la lluvia
ese sabor
la oscuridad abierta como un tajo a nivel
sin que haya cifra que iguale
la magnitud
en el paisaje.
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Digo la llovizna
delicada
cayendo
torcida su campana entre las hojas del mundo.
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Digo la llovizna
y en un trazo de agua
el mar
se desvanece.
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¿No tengo sed de esta lluvia
y hago el equilibrio de las gotas
como quien se quita el miedo de las manos
con la urgencia de lo que se cree
y es
imposible de sostener?
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No
no cae la lluvia
ni sale el vapor de mi boca
porque está fría
y soporta de un hilo la mañana
No
no cae ni me toca las manos
pero es un eco
un cúmulo de voz en los rincones
Me crece la lluvia y no soy
más verdad
que en el rumor
el agua.